Los Programas Sociales, ¿Ayudan Realmente a Poblaciones Vulnerables?

El hit en este sexenio y en el anterior fueron los programas sociales, pero ¿en verdad son efectivos? Los medios de comunicación y la enorme maquinaria llamada “mercadotecnia”, son los factores determinantes para el consumo de un producto.
La gente lo ve, la gente sigue el modelo promedio y lo consume para después darse cuenta que no tuvo el mismo resultado que el modelo mostrado en la publicidad: adelgazar no le tomo 2 días al quitar el hambre, las arrugas no se borraron y la enfermedad no se quitó tan sólo por usar una crema.
La empresa cree saber todo a cerca de los gustos del consumidor, con grandes investigaciones de mercado o la expresión en las redes sociales.

Lo mismo sucede con el gobierno: enormes investigaciones económicas y muchos asesores que desarrollan las reglas de operación de diferentes programas sociales con el fin de combatir problemas económicos, sociales o laborales. Programas sociales como pro campo, oportunidades, mujeres comprometidas trabajosas, 70 y más, red ángel, etc. Han sido programas sociales que en los últimos años han sido otorgados a la población “vulnerable” o “Pobre”; “pobre” conlleva a muchas palabras y connotaciones (Appel, 2011), estar dentro de “un grupo vulnerable” se refleja en que seas digno de recibir ayuda del gobierno.

Se define grupo vulnerable como: “aquellos sectores o grupos de la población que por su condición de edad, sexo, estado civil y origen étnico se encuentran en condición de riesgo que les impide incorporarse al desarrollo y acceder a mejores condiciones de bienestar” (Rivera, 2004) El concepto es bastante vago y “encapsulante” en términos de: pobre, adulto mayor, niños en situación de calle, mujeres, faltos de alimento o salud. Por lo tanto, el gobierno etiqueta automáticamente a los integrantes de esos grupos y les dota de dinero, reparte despensas o hace campañas de salud. El gobierno ha supuesto que con los programas sociales de ayuda, los llamados “grupos vulnerables” pueden resolver sus problemas. El gobierno, solo por ser el ente administrativo, en general cree que con estadística, puede saber lo que le aqueja a la población.

México cuenta con 13 millones de pobres, es decir, que de 2010 a 2012 el número de mexicanos en extrema pobreza se incrementó en 1.3 millones, y tomando en cuenta que el término “pobre” como ya se dijo, tiene múltiples acepciones.

Programas sociales como PRONASOL (solidaridad) de Carlos Salinas, tenía como fin bajar el número de mexicanos que vivían en condiciones de pobreza, con un gasto de más de 20 millones de pesos (ahora 70 millones de pesos).  Modelo similar se dio con Zedillo y el Programa Nacional de Educación, Salud y Alimentación (PROGRESA) en el que se gastó cerca de 35 millones de pesos. Fox y Calderón implementaron “Oportunidades” con el mismo fin de erradicar la desigualdad, donde a datos del Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados, el gasto destinado ascendía a más de 140 millones de pesos. (Diputados, 2011)

¿Si se han gastado tantos millones de pesos, por qué el número de pobres aumenta? Los mismos organismos gubernamentales como el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), han dicho que la desigualdad no se puede combatir únicamente con programas sociales”. (Licona, 2011) Es decir, estamos comprobando no es verdadero que el gobierno sólo por ser gobierno sabe lo que la gente necesita. Aún con todos los estudios que se requieren para aprobar un presupuesto hacia un programa social: marcos lógicos, antecedentes, estadísticas, proyecciones y reconducciones de gastos; no siempre el gobierno tiene la razón.

Por el artículo 115 Constitucional y diversas Teorías del Estado, se sabe que el Municipio es la célula básica de la administración pública, quien, por estar en contacto “directo” con la población (en teoría) debe de saber cuáles son los problemas que más le aquejan. Cierto es, que los Municipios no cuentan con la estructura ni la infraestructura para llevar a cabo tales mediciones. A propuesta de los municipios y de la presión de agricultores, se dieron los programas ProÁrbol y ProCampo que han demostrado no tener un padrón completo de beneficiarios y solo ser banco para el subsidio de políticos o actividades irregulares.

El gobierno no solo por su calidad de administrador, tiene el poder de saber exactamente lo que le aqueja, pues cada ciudadano tiene necesidades diferentes: puede que se remedie momentáneamente el problema de la economía con $500, pero el fondo del problema radica en cómo es persona será capaz de manejar esos $500 en forma mensual… tendría que trabajar. Entonces, ¿por qué no mejor hacer programas sociales tendientes a la capacitación?

En mi última visita a Chiapas, descubrí que los mismos pobladores se han cansado de los programas sociales y la supuesta “ayuda del gobierno”. Diseñando un programa de turismo sustentable basado en que ellos transforman sus casas en pequeños hostales y le ofrecen al huésped desayunos preparados con truchas recién pescadas (por ellos). Esto permitió re-activar la economía y vivir en paz con la naturaleza, pues ellos, los pobladores que llevan años en las zonas, conocen perfectamente los ciclos de pesca y las cantidades para que el recurso no se agote. Han encontrado un equilibrio entre la economía y el respeto a la naturaleza.

No existe presupuesto que alcance para llevar a todos los ciudadanos una consulta sobre lo que les aqueja, por lo que el gobierno tiende a generalizar los problemas y otorga los subsidios en lo que mejor cree que pueda apoyar. No hay estadísticas ni asesores que puedan determinar la preferencia o necesidades al 100% de una población.

Un claro ejemplo de esta situación, puedo enunciarlo cuando trabajé en el municipio de Donato Guerra, en el Estado de México. Este municipio se encuentra ubicado al sur del Estado y cuenta con un clima tropical tendiente a lo cálido. Por su constitución poblacional, existe un gran número de indígenas mazahuas, quien por costumbre, viven en matriarcado. El DIF estatal instruyó a los municipios del Estado en ejecutar políticas contra el maltrato a la mujer, incluso promoviendo la reforma a las leyes locales para la protección de la mujer. Lo curioso de ese municipio, es que las mujeres ahí no son maltratadas, sino los hombres. En mi estancia en el DIF como asesora legal, me encontré que los esposos de las mujeres mazahuas eran objeto de golpes e incluso violencia psicológica, por lo tanto, el marco jurídico y todos los programas sociales orientados a prevenir la violencia femenina, no eran aplicables. Esto, es un claro ejemplo de la etiqueta que se pone en forma general, sin saber lo que verdaderamente le aqueja a la población.

Casos como el de Chile, donde en vez de proporcionarle dinero a los adultos mayores, sino una reforma al sistema de pensiones, han marcado la diferencia y han mejorado la calidad de vida de ese sector. Por lo que, no es necesario muchas veces entrar al ámbito de programas sociales en forma de subsidios sino ver las diferentes ramificaciones que llevan a un problema.

Es por ello, que el gobierno debe de implementar políticas que observen de forma indirecta la raíz del problema, no solo tratar de solucionar las cosas con programas sociales que tienen un perfil generalizado de la problemática. Se deben buscar mecanismos de participación que den fidelidad a los estudios realizados y que la sociedad comience a definir la verdadera problemática y no solo esperar a que el Gobierno decida en forma de generalización, cuál será el mejor programa aplicable a la situación.

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Abogada y Maestra en Administración Pública. Como abogada, he trabajado el ámbito privado en empresas como IBM de México, asesorado a Grupo La moderna, Petit Bribón e ICONE. Dentro del sector público, como responsable jurídico del Instituto Mexiquense de la Juventud y actualmente como parte de a Unidad Administrativa del Consejo de Investigación y Evaluación de la Política Social. En el ámbito escolar, docente de la materia de Derecho de la Empresa en el Tec de Monterrey, líder de generación de la preparatoria Bilingüe en Tec Milenio y docente de las materias human being in society e inglés avanzado. Amante de la lectura y los mandalas, nadadora por convicción y cantante por hobbie. Encuéntrame en:

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