Mudanza: Si lo puedes guardar lo puedes tirar

“Si lo puedes guardar, lo puedes botar.” Esas fueron las palabras que me repetí muchas veces durante mi reciente mudanza. Hace varias semanas atrás me vi ante la necesidad de mudarme de domicilio. A diferencia de otras ocasiones, esta vez no fue un proceso planificado ni estructurado, tal como acostumbro. Por tanto, la mudanza fue para mí un ¡CAOS TOTAL! Imagínente, prácticamente de hoy para mañana tenía que organizar toda una mudanza que no estaba en mis planes inmediatos. Por tanto esto implicó que, en tiempo record, tuve que empacar TODAS mis pertenencias. Y con toda la honestidad del mundo les confieso que no fue hasta este momento que no me di cuenta de cuántas cosas había guardado por tanto tiempo. Muchas de éstas eran sumamente útiles, aunque no las había utilizado en ningún momento. Sin embargo ¡¿OTRAS?!… De verdad que no sé qué decirte con respecto a las otras. En realidad NUNCA entendí POR QUÉ razón en todo el vasto universo en algún momento creí que guardarlas era lo correcto. ¡¿En qué rayos estaba pensando cuando se me ocurrió guardarlas?! ¡¿Para qué diablos hice semejante estupidez?! Acá entre nosotras (por favor no se lo comenten a nadie), estoy SEGURA que en el momento que lo hice, JAMÁS se me ocurrió pensar que algún día tendría que hacer mudanza y que me vería en la triste situación de  no saber qué hacer con todas ellas.

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Para que tengan una idea, entre mis pertenencias guardadas encontré: ropa, zapatos, artículos del hogar, libros, juegos de mesa, papeles, recortes de periódicos, revista, dibujos hecho por mi hijo y mis sobrinos, más ropa, más zapatos, más artículos del hogar, más libros… ¿mencioné que también, papeles, papeles y  más papeles?… En fin, TODO cuanto puedas imaginar, te aseguro que abundaba y sobreabundaba entre mis pertenencias. Es más, es posible que si tu no encontrabas en su casa algo que habías perdido,¡¡ es porque probablemente se encontraba perdido entre mis cosas !!

Volviendo al relato,  decía que entre mis pertenencias habían artículos sumamente útiles. ¡¡Tan útiles que nunca los utilicé!! Quizás porque en el momento que los guardé pensé que eran tan únicos y valiosos, que más adelante en el tiempo surgiría una oportunidad ¡MAGESTUOSA, ÚNICA, ESPECIAL, MARAVILLOSA! que justificara su uso y disfrute. Como se desprende de mi historia, tal parece que las guardé en vano, pues después de todo les aseguro que en el tiempo que viví en mi residencia, pasaron muchas buenas oportunidades para usarlas y disfrutarlas. Sin embargo, lamentablemente para mí, las dejé pasar.  Así que muchas de ellas, tristemente se echaron a perder sin nunca haberlas disfrutado, por lo que tuve que tirarlas a la basura L De todas formas, aunque sí me sorprendió saber que guardaba tantas cosas buenas sin ninguna razón justificada, nada me resultó más sorprendente que descubrir la cantidad de artículos completamente inútiles que me acompañaron por tantos años. Artículos que, lejos de ocuparme espacio, y claro está ¡COMPLICAR MI MUDANZA!, en realidad las guardé para que después de todo ¡TERMINARAN EN LA BASURA! ¡¿EN SERIO? ¿Guardarlas tanto para que terminaran en la basura? ¿No era más sencillo haberlo hecho desde el día uno y mantener la casa más desocupada? Quizás si lo hubiera hecho, ahora no tendría ¡CAOS TOTAL! con la mudanza!!! De todas formas ahora, después de pasar por el proceso parece lógico pensar que sí. Que conste esto lo pienso  después de la mudanza y que me di cuenta de cuántas cosas innecesarias tenía a guardadas durante el paso del tiempo.

Ahora bien, todo esto me llevó a pensar más allá de solamente las cosas guardamos en nuestros hogares. Para mí, esta experiencia fue más bien un reflejo de vida, pues abrió mis ojos ante la realidad de: ¿cuántas veces guardamos en nuestros recuerdos y en nuestras emociones experiencias que no tienen ninguna utilidad? En otras palabras, cuántas veces permanecemos abrazados a experiencias que nos han resultado ser tan dolorosas, que solo ocupan espacio y complican nuestra evolución (mudanza) por las diferentes etapas de nuestras vidas. Lo más triste de esto es que no nos damos cuenta de que esos recuerdos y experiencias que guardamos, solo hacen nuestras vidas más pesadas;  limitando así  nuestras posibilidades de vivir la vida que hubo la intención de que viviéramos.

Recuerdo que mientras estaba determinando qué haría con tanta ropa que tenía (si la guardaría para alguna ocasión especial, la retendría para su uso diario, la regalaría o la descartaría), pensaba lo siguiente: “si la puedes guardar, la puedes botar.” Fueron estas palabras las que me ayudaron a entender que, lejos de aplicar esta solución a  mis pertenencias materiales,  en realidad lo debía hacer con mis recuerdos y experiencias dolorosas. “Si lo  puedes guardar, lo puedes botar.” En otras palabras: “Millie Serrano, si puedes guardar ese recuerdo doloroso, completamente inútil para que termines tirándolo a la basura cuando descubras su inutilidad, ¿por qué no lo haces ahora de una buena vez?”. WOW, ¡qué aprendizaje más profundo para mí! Después de todo no existía razón alguna para  guardar algo que, lejos de ocuparme espacio útil y limitar mi movilidad por esta vida, no tenía ninguna razón de permanecer conmigo. Total, estaba destinado a terminar en la basura, a desecharse. Entonces, ¿por qué no hacerlo ahora?

No sabemos las vueltas que dará la vida. Hoy quizás sabemos dónde estamos, pero mañana no sabemos qué oportunidades se nos presentarán en la vida que requerirá de nosotras que tengamos una carga liviana. Una carga que facilite nuestra movilidad ante las nuevas etapas de vida. Un nuevo trabajo, una nueva relación, un reto o situación difícil… En fin, cualquiera que sea la realidad que se nos presente lo único verdaderamente cierto es que, para poder aprovecharla o enfrentarla, debemos tener una carga ligera de manera que permita nuestra movilidad de un estado a otro. Pero así como esto es cierto, también es cierto que solo nosotras tenemos la responsabilidad de desechar aquello que no necesitamos, que nos ocupa espacio y por ninguna razón justificada guardamos.

Gracias a Dios finalmente mi mudanza está terminada, el ¡CAOS ACABO!  Eso significa que ya deseché todas aquellas cosas que por tanto tiempo guardé y después de todo, no necesitaba. Y si me preguntan, en realidad espero no tener que volver a mudarme. Por lo menos no así. Sin embargo, aunque mi mudanza de domicilio terminó y no quiero volver a hacerlo, estoy más que ansiosa y deseosa por comenzar mi mudanza emocional. Aquella que me permitirá tirar aquellos pensamientos e ideas limitantes y dolorosas que, después de todo, no necesito para nada guardar.

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