Micro Machismo Hacia Una Abogada Especialista en Violencia de Género

micro machismo

El día de hoy estimadas lectoras, un caballero recurrió a mí por un caso de materia familiar. Quiere pelear la custodia de su menor hijo y arreglar una situación con la pensión alimenticia.

Los ánimos empezaron a tornarse densos cuando mi consejo fue: el interés superior del menor. Es decir, hagamos lo que es mejor para él, independientemente de los sentimientos que tengas con la progenitora.

La respuesta de mi cliente fue sorprendente: “tú que sabes si no has sido mamá, si no sabes de los lazos que tiene un hijo con su mamá; pretendes que me odie”. Por unos momentos, me quedé congelada, ese fantasma que me ha perseguido los últimos cuatro años de mi vida… El decidir haber dejado de lado mi aspecto maternal, por avocarme a mis gustos, profesión y desarrollo personal.

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No es cosa sencilla el estigma con el que cargamos las profesionistas en el siglo XXI. Estamos frente a una analogía: yo que sé de homicidios si nunca he matado a nadie.

Micro machismo fue lo que viví por unos segundos, ese estigma social que todavía se padece, las preguntas del por qué a mis 28 años no he decidido casarme o tener hijos y sobretodo, el cuestionamiento de mi vida personal más allá de mi vida profesional. El tema de la abogacía, es algo que lleva muchas horas de estudio y sobretodo, pasión por el trabajo. Que en ningún momento se mezclan con lo que hago o no con mi vida personal. Como dicen los administradores: negocios son negocios.

Esa es una pequeña muestra de cómo se vive la violencia de género en nuestro país, no sólo de hombres a mujeres, sino viceversa. En este caso, es claro que por mi calidad de ser mujer, se vio menospreciado mi profesionalismo y conocimiento a razón de que no he vivido la circunstancia.

No, no padezco los casos de mis clientes y tampoco los tomo como temas personales. La cuestión de la violencia intrafamiliar en sus diferentes modalidades, no es algo que se de deba tomar a la ligera. No dejaré de soslayar que en materia familiar, los menores se toman como objetos de pelea, como base de manipulación hacia la que una vez fue una pareja.

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Estamos viviendo una fractura en el tejido social, al grado de una descomposición en las familias. El poco compromiso que se tiene, creo que hasta ahorita es cuando se están viendo las consecuencias de haber quitado las causales de divorcio. Hemos reducido la instancia de la familia a un: no puedo lidiar contigo, me divorcio. Y ojo, no estoy hablando de un asunto de tolerar violencia o denigrar a la persona, simplemente de ser capaces de mediar con el conflicto de manera efectiva.

El ego y sobretodo, la lucha de poder entre una pareja, son parte de la dinámica social que se está viviendo. No es cuestión de quién puede más, sino de una equidad e igualdad de géneros en circunstancias iguales. De ninguna manera estoy pretendiendo defender o tomar parte de un bando, simplemente es entrar en conciencia de la ruptura social de la que estamos siendo parte. Estamos encasillando a las personas de acuerdo a su género, es decir, el rol que le asigna la sociedad por ser hombre o ser mujer.

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¿Acaso no puedo ser abogada en materia familiar porque no estoy casada y no tengo hijos? A mí forma de pensar, no tiene nada que ver el hecho de no haber vivido la situación a flor de piel, con no sentir empatía con mis asesorados. Al final, cada quien cuenta su lado de la historia y el micro machismo sigue latente.

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